La sabiduría de Gandhi

Cuenta una leyenda que un día, cuando Mahatma Gandhi ofrecía asistencia jurídica y orientación gratuita a la población local, se acercó una señora con su niño, después de un largo viaje y de esperar muchas horas en la cola para poder ser atendida:

- Sr. Gandhi este es mi hijo, y lo traigo aquí porque no hay nada más que pueda hacer para que deje de comer tanto dulces. Ya lo he intentado todo pero sigue comiendo demasiado azúcar y necesito que pare antes que se ponga enfermo.


Gandhi sonriendo se dirigió a la madre y le dijo:

- Vuelve aquí pasado un mes.

La mujer un poco desconcertada, sin entender el motivo de la orientación, pero confiando en la sabiduría de Gandhi, asintió con la cabeza y decidió hacer lo que le pedía.

Captura de pantalla 2019-07-24 a las 13.53.11.png

Al cabo de un mes estaba la señora ahí, teniendo una vez más que pedir la baja en su trabajo, viajar todo el día, esperar horas en la cola con mucho calor con un niño, para que a las nueve de la noche Mahatma pudiera recibirla:

- Sr. Gandhi, ¿Te acuerdas de mi? Soy aquella señora que vino hace un mes a pedirle consejo para hacer con que mi niño deje de comer dulces.

- Ah sí, ¡ahora me acuerdo! ¿Dónde está el niño? Déjame hablar con él.

Dirigiéndose al muchacho, lo mira bien a los ojos y le dice con firmeza:

- Niño, no comas dulces.

La mujer, sin entender nada, quizás ya dudando de su cordura, le dice con cierto cuidado:

- Señor Gandhi, permítame comentarle con todo el respeto y agradecimiento por todo lo que está haciendo por nosotros, pero no entiendo porque nos hace venir desde tan lejos una segunda vez, después de esperar un mes para decirle a mi hijo solamente: “no comas azúcar”

- ¡Es que hace un mes yo comía azúcar!

Sí Gandhi era muy sabio y conocía el comportamiento humano muy bien, sabia que si la madre, su familia, sus amigos, continuaban comiendo dulces seria casi imposible esperar que el niño lo hiciera diferente.

La única manera de enseñar realmente algo a alguien es dar ejemplo. Basándome en esta descubierta, cada vez que quiero quejarme de que alguien de mi circulo más próximo tiene un comportamiento que me desagrada, antes paro y vuelvo la mirada a mi mismo. Intento comprobar si esto que me molesta, yo no lo hago con la otra persona de alguna manera, porque es muy probable que sí. Que la actitud del otro sea un espejo de la manera como somos.

Por eso te invito a hacer lo mismo la próxima vez que alguna actitud de un colega, un compañero, un hijo, etc… te desagrade. Mira a tu alrededor, piensa en algún comportamiento que te desagrade y ahora olvida al otro, mírate solamente a ti. Observa atentamente si esto que esperas del otro no es algo en lo que estás fallando tú con él o con los demás.

Acuérdate siempre,
enseñar es dar ejemplo.