El Prof. DeRose tuvo la satisfacción de grabar una entrevista con el periodista António Mateus, en el Palacio Pestana, en Lisboa, en el año 2009. Como el entrevistador es un profesional experimentado y perspicaz, entrevió el potencial para realizar un trabajo diferente, fuera de los lugares comunes y libre de estereotipos. La grabación quedó excelente. Creemos que la transcripción de esa entrevista ayudaría a comprender nuestra propuesta, motivo por el cual la incluimos aquí.

Su cultura promueve un individuo más lúcido, más consciente, que intervenga más en la sociedad, ¿no es así?

La propuesta es esta: que a través de un conjunto de técnicas y un conjunto de conceptos, podamos llevar a la persona común a un estado de conciencia expandida. Que esto se obtenga o no, dependerá de una constelación de factores. Entre ellos la propia genética del individuo. En cuanto a la parte controlable, va a depender de la dedicación, la inversión de tiempo en la práctica de esta filosofía, y también del ambiente donde vive la persona. Porque tiene mucho que ver el bagaje cultural que trae, la profesión que ejerce, la edad en que comenzó.

¿Es posible esculpir un individuo diferente, que intervenga más en la sociedad?

Cada individuo es una realidad distinta. Las propias técnicas, por ejemplo la hiperventilación cerebral, reaccionan de forma diferente de un individuo a otro.

¿Pero usted tiene una intención, tiene un destino que quiere cumplir al esculpir a ese individuo?

Sí. La meta que queremos alcanzar es proporcionar a esa persona un estado de hiperconciencia, un estado de megalucidez, que, en realidad, es la dirección en la cual la humanidad está caminando.

Ese individuo, obviamente diferente, más lúcido, más consciente, ¿qué impacto real tiene en la sociedad? ¿En qué puede hacer la diferencia?

Cuando el individuo tiene más lucidez, lo primero que ocurre es que va a ser mejor en su trabajo, su posición en la familia, su compromiso con cualquier ideal, ya sea político, humanitario, filantrópico, artístico, cualquiera que sea. Y además él se siente integrado. Cuando el individuo aún no tiene una conciencia plena, cree que el mundo se divide entre “yo y los otros”. En el momento en que su conciencia se expande, se da cuenta de que no existe esa cuestión de “yo y los otros”. Somos todos una sola cosa, estamos todos interconectados, no sólo dentro de la especie humana sino entre todas las especies y con el propio planeta, con el propio cosmos. Y ese estado de conciencia expandida es alcanzable. Pero generalmente, cuando una persona menciona su pretensión, su intención de conseguir ese estado de conciencia, otra persona que no imagine lo que es eso, que no haya leído al respecto, que no haya estudiado, que no se haya informado, podrá suponer que es un ideal inalcanzable, una fantasía. Ocurre que mucha gente ya logró ese estado de conciencia.

Ese estado de hiperconciencia, de megalucidez, ¿en qué se traduce en la vida diaria?

En el día a día, se traduce en una participación objetiva, que llamamos acción efectiva. Porque mucha gente tiene iniciativas, pero pocos tienen acabativas. Entonces, una de las cosas que una conciencia mayor nos concede, es darnos cuenta de que no sirve sólo el discurso, no basta la intención, es preciso llevar a cabo. Es necesario tener la iniciativa y la acabativa, el resultado final, para la vida de este individuo, para su familia, para sus amigos, para sus desamigos, para toda la sociedad, para la responsabilidad social, para la responsabilidad ambiental. O sea que él va expandiendo su campo de actuación, deja de ser un indigente, un individuo que no es escuchado, que no tiene voz ni voto. Pasa a ser un ciudadano que actúa y que modifica el mundo en que vive. Y como esa persona, en general, es alguien que manifiesta nobles ideales, al modificar el mundo en que vive, lo modifica para mejor.

¿Cómo es que su cultura logra esto en el individuo? ¿De qué herramientas dispone para hacerlo?

¡Nuestra Cultura! Yo la llamo “Nuestra Cultura”, con N mayúscula y C mayúscula, porque es un conjunto de conceptos, es una filosofía, un sistema de vida. Nuestra Filosofía, NuestraCultura propone esto a través de una reeducación comportamental progresiva y espontánea. No estamos a favor de la catequesis, por lo tanto el adoctrinamiento está excluido. Tampoco estamos a favor de la represión. Sin adoctrinamiento y sin represión, el mejor camino es el ejemplo, es la convivencia, es lo que llamamos egrégora. Es convivir con el poder gregario de un grupo que ya está dedicado a esos ideales. Y a partir de ahí los conceptos se incorporan con mucho más facilidad. Y las técnicas, ya son una cuestión de dedicación individual, de practicar, de ejecutar esas técnicas.

¿Se puede comparar ese tipo de intervención con quien afina una orquesta? ¿Vamos a reunir los violines, las flautas, y ponerlos todos a actuar en la misma dirección?

Ciertamente. Generamos una sincronía entre todos los elementos que nos constituyen como seres humanos. No sólo cuerpo y mente, sino cuerpo físico, emocional, mental, intuicional, en fin, todos los elementos, que van a funcionar, como usted muy bien ejemplificó, como una orquesta. Después trasladaremos eso más allá del individuo. No queremos que nuestro practicante se restrinja a actuar dentro de su pequeño mundito, de su universo personal. Entonces, al trasladarlo más allá, esa orquesta pasa a ser la orquesta de la familia, la orquesta del trabajo que realiza, la orquesta de su arte, de todos los elementos, personas, individuos y circunstancias de aquel ambiente. A medida que va ampliando su campo de actuación, uno llega a considerar que el mundo es muy pequeño, porque alcanza a las personas a través de vehículos diversos. Antiguamente, era a través de la escritura, de libros; antes de ellos, por medio de los pergaminos. Hoy llegamos a la gente con vehículos electrónicos, podemos estar en un momento escribiendo en nuestro ordenador y al mismo tiempo siendo leídos, siendo accesados por personas en todo el planeta.

Carl Sagan sostiene, por el contrario, que el sujeto está contaminado por la sociedad. Su Cultura promueve lo opuesto, promueve un individuo activo, consciente, que interviene.

Yo estoy de acuerdo con él. La sociedad contamina al individuo. Pero el individuo tiene el poder de contaminar a la sociedad, como lo hizo Mandela, como lo hizo Martin Luther King. Esto parte de la propuesta de percibir realmente que la sociedad tiene ese poder, que todo el ambiente cultural en que vive una persona tiene poder sobre ella. De hecho, somos producto, somos frutos del ambiente, de la cultura en que fuimos educados, en la cual vivimos. Si tenemos conciencia de eso, de ese poder del ambiente para contaminarnos, y nos rehusamos a aceptar pasivamente esa contaminación, entonces invertiremos el proceso y empezaremos a influir sobre la sociedad, la cultura y el mundo en que vivimos.

Esa contracorriente del sujeto activo y no pasivo entronca en aquello que dije al principio, que es la perspectiva del individuo más lúcido, más consciente. Esa lucidez también tiene que ver con que el individuo perciba que la influencia exterior le puede resultar dañina, ¿no es así?

Sí. Pero es necesario recordar que esta propuesta, aunque revolucionaria en términos de comportamiento, no es agresiva, en el mal sentido. No es violenta. O sea, no estamos yendo contra lo que ya está establecido, no queremos que la gente simplemente cambie y adopte Nuestra Filosofía. La propuesta es que quien ya está pensando de esa forma no se sienta un avis rara. Que esos individuos sientan que hay otros que piensan de la misma forma. Y, entonces, podemos reunirnos, comulgando de un mismo ideal, y compartir las ideas, los conceptos, las prácticas, la manera de vivir, de constituir amistades, constituir relaciones afectivas de una forma que consideramos más civilizada, que es mucho más amorosa, mucho más tolerante.

Una vez una joven alumna de nuestro Método nos escribió una hermosa carta que terminaba diciendo: “Siempre me sentí el comodín de la baraja de cartas, y ahora encontré una baraja en la que todas las cartas son comodines.”

Porque Vuestra Cultura no trae sólo una propuesta interior, del individuo, es también la forma como él se relaciona con los seres humanos a su alrededor, con el mundo físico que lo rodea. ¿Hay una nueva estética y una nueva ética?

Ciertamente, porque el concepto de un interior presupone que haya una dicotomía entre interior y exterior. Y Nuestra Cultura no entiende al individuo ni al mundo como una cosa separada. Un cuerpo y un alma, por ejemplo. Un antagonismo entre lo espiritual y lo natural, lo físico, lo corporal. Entonces, nosotros entendemos que interior y exterior son una cosa sola. Que estando integrados conseguimos realizar mucho más y mucho mejor, hacer mucho mejor nuestro trabajo. De nada sirve que logremos proporcionar una evolución personal al individuo si eso no va a reverberar en la sociedad, en el mundo, en la humanidad y hasta en el medio ambiente. Un nivel de conciencia más elevado forzosamente desencadena una nueva estética y una nueva ética en relación con los valores hoy vigentes. Por otra parte, nada de lo que proclamamos es nuevo.

Cuando los gobiernos de nuestros días se preocupan poco o nada por el perfil del individuo a definir, como el perfil de la sociedad a alcanzar, a no ser en el plano puramente material, del ajuste de las finanzas, es preciso tener una nueva mirada sobre la calidad del individuo. Y su propuesta de Cultura responde exactamente a eso. ¿Es un sujeto más lúcido, más activo y que sabe qué dirección seguir?

Exactamente. Y siempre bajo la égida de la tolerancia. Porque si no es así, estamos corriendo el riesgo de inventar una religión nueva, que no es en absoluto la intención. La nuestra es una propuesta educacional, una propuesta cultural, de llevar al individuo a un nivel más elevado de civilidad, de cultura, de educación, de sentido artístico, de sensibilidad y, como usted dijo antes, de ética y de etiqueta también. La etiqueta es una pequeña ética. Es decir, que tenemos la gran ética y tenemos aquella ética, aquella etiqueta aplicada a la vida diaria, en las relaciones dentro de una sociedad específica a la cual tenemos que adaptarnos. Porque cuando exponemos una propuesta abarcadora como esta, tenemos que considerar que existe una cultura cristiana, pero existe también una cultura hindú, una cultura judaica, una cultura islámica, y no podemos sugerir una propuesta que se adapte sólo a una de esas culturas.

Eso cambia completamente la dinámica del mundo que nos rodea. ¿Qué posibilidades se abren?

Las posibilidades son múltiples y bastante abarcadoras. Pero la realización es siempre lenta, porque el cambio de paradigmas es muy difícil para el ser humano. Nuestros circuitos neurológicos fueron proyectados de tal forma que, a partir del momento en que aprendemos un determinado concepto, un determinado código de procedimiento, no logramos cambiar. Es muy difícil cambiar. Entonces, cuando transmitimos esa enseñanza, tenemos que recordar que es una enseñanza básicamente para un público joven, de adultos jóvenes. Adulto joven que es aquel que está en actividad, aquel que está en la dinámica empresarial, política, artística, en fin, en cualquier área. Esa persona tiene condiciones todavía de procesar una transmutación en su manera de ser. Tiene condiciones de incorporar una nueva praxis. Y quien tiene esa capacidad, a mi entender, es un adulto joven.

Martin Luther King nos legó un sueño que él tenía, “I have a dream”. John Lennon lo pintó con música, “Imagine”. Nelson Mandela cambió su libertad por ese sueño. El visionario DeRose, ¿cómo configura ese sueño?

Yo no diría visionario. Porque nuestro trabajo tiene los pies bien sobre la tierra, es muy objetivo, y va directamente al individuo en el mundo en que vive. O sea, sin subjetividades, sin teorizaciones, sin suposiciones. Ideales, sí. Pero con un cuidado muy grande para que esos ideales no se tornen fanáticos. El fanatismo debe ser evitado. Pero la intención es justamente conducir estos conceptos a que el individuo pueda aplicarlos realmente. Que no sea sólo una bonita propuesta, un bonito discurso, sino que él realmente llegue allá a su empresa y haga que eso funcione, modificando la estructura de su negocio, modificando la administración de la empresa, haciendo de cada empleado, de cada colaborador suyo, un individuo que tiene un valor, que tiene un potencial, que tiene una creatividad y que es un ser humano. No en el sentido obsoleto de entender al empleado y el empresario como fuerzas oponentes en un tira y afloja, sino convocando a todos para empujar en la misma dirección, que es el progreso individual y, en consecuencia, el progreso de la sociedad.

Cuando tu imaginas, tomemos el Imagine de John Lennon, cuando tu sueñas un futuro, ¿qué sueñas? ¿Qué ves al final de ese viaje?

En "Imagine" yo veo un credo. Lo que él propone es realmente revolucionario. Hasta me sorprende que no haya habido reacciones más virulentas contra aquellas propuestas, porque Lennon exhorta al individuo a superar las limitaciones de patria, las limitaciones de fronteras. Eso obviamente no agrada nada a la mayor parte de la población, de los gobernantes, de los poderes constituidos. Querer que todos seamos un solo pueblo, una única humanidad. ¡Y proponer “no religion too”! Era de esperar que todas las religiones censuraran la osadía. Pero no ocurrió eso. La música es bonita y lo que vemos es que su letra es aceptada por todos, incluso por los gobernantes, por los poderes constituidos, por las religiones en general. A la gente le gustó el mensaje de Imagine porque Lennon supo cómo expresarlo con arte y estética.

Pero cuando usted moviliza a sus instructores, a su familia, a la egrégora DeRose, está configurando un futuro. ¿Dónde está el horizonte que configura para su paso por la vida?

Yo veo a corto plazo personas más felices y más saludables, con una calidad de vida mejor. Porque eso es lo que proporcionan nuestras técnicas. En primer lugar, mayor calidad de vida. A medio plazo, veo prosperidad. A largo plazo, autoconocimiento.

Una persona que tiene mejor calidad de vida, que tiene más tolerancia, que sabe lidiar con el ser humano, que sabe lidiar con sus superiores jerárquicos o con sus comandados, con sus clientes, con sus proveedores, con sus amigos y su familia, con sus relaciones afectivas, esa persona está al mando. Se convierte en un líder. Un líder sereno, carismático dentro de su respectivo ambiente. Entonces, a medio plazo, eso proporciona estabilidad. Estabilidad en la relación afectiva, estabilidad en la familia, estabilidad en el trabajo. La consecuencia es la prosperidad.

Yo ya estoy en este camino hace medio siglo. Durante estos cincuenta años de profesión he observado que, de hecho, las personas que siguen Nuestra Cultura, a medio plazo comienzan a conquistar la estabilidad, la prosperidad, más felicidad, mayor expectativa de vida.

El aumento de la expectativa se deriva, incluso, de los buenos hábitos propuestos. Nuestra Filosofía enseña a no consumir drogas ni alcohol, a no fumar. Y a cultivar hábitos saludables. Esto, muy lejos de tornar la vida sin gracia, la hace mucho más interesante porque aumentando su lucidez en forma natural, la persona no está bajo la influencia de ninguna droga. Y si no está bajo el yugo de ninguna de esas sustancias tóxicas que interfieren con la conciencia, incuestionablemente disfruta de más felicidad, más lucidez, percibe el mundo de otra manera y, en consecuencia, el mundo y la vida le resultan mucho más divertidos. Esa persona está más feliz, en forma verdadera. Y, a largo plazo, la propuesta es aquel estado de conciencia expandida que nos conducirá al autoconocimiento.

¿Ese es el objetivo a nivel individual?

En el ámbito individual es el autoconocimiento. Si un día la humanidad consigue llegar a ese estado, tendremos una humanidad muy diferente de la que tenemos actualmente, porque hoy tomamos soluciones drásticas. Siempre observamos que, en un mismo momento, varias naciones llevan adelante conflictos armados. Si consiguiéramos que, si no toda la humanidad, por lo menos aquellos que tienen poder de decisión, aquellos que pueden crear leyes, aquellos que pueden declarar guerras, si todos esos tuviesen un estado de conciencia mejor, más expandido, tendríamos un mundo más armonioso. Hoy vemos que muchas veces, en muchos países, el gobernante no quiere el bienestar y la evolución del pueblo. Incluso porque, si el pueblo está más lúcido, es capaz de sacarlo del poder. Considerando nuestro ideal, nosotros [la humanidad] no estamos en un buen momento. Y la demostración de eso justamente son estos conflictos que observamos en varias regiones del globo. Pero si paso a paso, gradualmente, sin ninguna intención de convertir a nadie, de a poco, esto resulta bien, en el sentido de una expansión hacia la población en general, yo creo que realmente vamos a tener, en un futuro, un mundo muy diferente.

El siglo XXI ya es diferente, si comparamos la calidad de vida y el nivel de conciencia, no sólo de cultura, de información, de ilustración, sino realmente el nivel de conciencia de la mayor parte de la población, comparada con 200, 500, 800 años atrás. Estamos en una curva ascendente.

Usted retrocede a los cimientos de nuestra existencia en su libro "Yo recuerdo", como quien toma impulso para un salto. Ese salto, ¿adónde nos lleva?

El libro Yo recuerdo… es un cuento ambientado en un lugar, en un período, en una civilización en la cual, hasta donde nos consta por la historia, por la arqueología, habitaba un pueblo que vivía en armonía. La población tenía calidad de vida, el ciudadano era respetado. No se encontraron construcciones faraónicas para los monarcas, ni para el clero, pero sí casas muy confortables para la población. Nos estamos refiriendo a un período protohistórico, situado inmediatamente antes del surgimiento de los registros históricos. Los historiadores recurrieron muchas veces a la arqueología para poder montar un poco de la historia de aquel pueblo.

Estamos hablando de 5000 mil años atrás, 3000 mil antes de Cristo. Y en esa época, en esa civilización llamada Civilización del Valle del Indo, ya había ciudades extremadamente bien urbanizadas, saneadas, las casas del pueblo tenían dos pisos, y además un atrio para ventilación interna, el cuarto de baño dentro de la casa, agua corriente. Pero esto, 3000 años antes de Cristo, es algo increíble. Los propios arqueólogos, cuando encontraron sus ruinas, tuvieron recelo de comunicar aquello a las academias de ciencias porque iban a ser tomados por imprecisos.

Entonces, fueron comunicando los descubrimientos gradualmente. Invitaron a otros arqueólogos, de distintos países, a que fueran allí a constatar. Porque era realmente una civilización excepcional para la época e incluso comparada con algunas regiones de nuestro planeta actualmente. Entonces, imagine que aquella ambientación en la cual se basa esa historia, ese cuento, esa ficción (el libro Yo recuerdo…) es la de un pueblo feliz, un pueblo saludable, estable, próspero dentro de los límites del período histórico. Y retrocediendo hacia esos orígenes, diríamos muy cerca de los orígenes de la civilización misma, aprendemos algo con ellos. Algo que se perdió después.

Las sociedades primitivas, no guerreras, todas tendieron al matriarcalismo (como es el caso de la civilización del Valle del Indo) y las sociedades patriarcales, todas fueron guerreras. Con la llegada de los arios en 1500 a.C., se produjo la consecuente introducción del sistema patriarcal en aquella región. Desde el pasado remoto, el sistema patriarcal ha vivido de la guerra.

Por otra parte, la sociedad matriarcal privilegia a la madre, el cariño, el vientre, el seno… es otra forma de ver el mundo, otra propuesta de administrar la familia y el propio Estado. Sin guerras, ese pueblo obviamente puede dedicar su tiempo y sus recursos económicos al arte, a la cultura, a la ciencia y a la filosofía. Todo eso, sin represión, porque la sociedad matriarcal en general no es represora. Entonces, sin represión, imagine hasta dónde pudieron expandirse los impulsos artísticos y culturales de aquel pueblo.

En "Yo recuerdo…", usted retrocede a un pasado onírico y después nos transporta a una realidad más palpable, donde aspectos tangibles como los instrumentos de escritura, el propio lenguaje, ya son mensurables. Es casi como si fuese una visión antropológica. Como usted no da puntada sin hilo ¿hacia dónde nos quiere llevar con ese transporte?

No olvidemos que toda la descripción es una fantasía, porque en ese libro, "Yo recuerdo", discurro sobre memorias de un pasado, pero ese pasado no es nada espiritual, es una historia. Entonces, llevando al lector hasta aquella realidad cultural, hasta aquella civilización, hasta aquella manera de ser, estoy sugiriendo una reflexión del individuo al respecto de la validez de aquella manera de relacionarse con los hijos, con los padres, con los amigos, con los enemigos, con la persona amada. Entonces, tal vez el contenido del libro pueda hacer una contribución al perfeccionamiento individual. Ahora, dónde está la frontera entre la fantasía, la ficción, el mito y la realidad, eso lo dejo para que lo descubra el lector.

Sin embargo, la segunda parte del libro ya tiene un cariz casi antropológico, ¿ya no es una ficción pura.

La ficción a la que me refiero es el cuento en sí. Utilicé lo máximo posible de elementos palpables, de hechos reales, de datos históricos para construir la base del cuento. Veo la posibilidad de que la persona primero sea conquistada por el corazón; por eso el comienzo del libro es muy dulce, muy suave; después es romántico, y finalmente es, digamos, más filosófico. En la parte final pierde un poco aquella dulzura, porque en la edad madura nos volvemos más realistas. Es la historia de una persona que crece. Primero es niño, entonces tiene una visión más imaginativa del mundo. Después se hace adulto. En aquella época el hombre se hacía adulto a los quince años, era la edad en que ya estaba apto para reproducirse, constituir una familia. Y envejecía pronto, ya era un señor a los treinta años. En ese momento él ya ve el mundo de una manera más consistente, más cuidadosa, más prudente. Yo intento transmitir en el texto un poco de nuestra filosofía; no mucho, sólo un poco, porque el libro es pequeño. Es unode los libros más pequeños que he escrito.

Puede ser más pequeño en tamaño, pero yo sentí que era el elemento más instigador, porque hay varias lecturas para hacer por detrás.

Sí, incluso una lectura revolucionaria, en el buen sentido. Una lectura que subvierte los malos hábitos y la estructura de modesta civilidad de nuestro mundo. No con la intención de demoler nada, sino en el sentido de sugerir al lector que se detenga y piense: “¡Al final, esta propuesta parece interesante! Tal vez podemos adoptarla. Vamos a probar, vamos a usar eso en la familia, vamos a aplicar estos procedimientos con nuestros amigos.”

Cuando usted, por ejemplo, promueve en uno de sus pensamientos, defender la libertad como primer pilar de nuestra existencia y, cuando ella choca con la disciplina, dar primacía siempre a la libertad.

Ese pensamiento es bien categórico. Proclama que la libertad es nuestro bien más precioso.

Sin embargo, por el contrario, precisamos tener una disciplina interior y existencial para defender los valores. ¿Dónde se cruzan las dos fronteras?

La continuación de ese pensamiento dice que si la disciplina violenta la libertad, opte por la libertad. ¿Cómo es que vamos a conciliar estas dos fuerzas? La disciplina es fundamental, pero si la disciplina de un grupo específico –cualquier grupo que sea, un grupo político, un grupo de deportivo, un club de fútbol, no importa qué–, si ese grupo tiene normas, y esas normas, esa disciplina me violentan, yo tengo que priorizar la libertad. ¿Haciendo qué? ¿Peleando, poniéndome en contra? ¡No! Apartándome. Obviamente, ese grupo no sirve para mí. Esa empresa, ese colegio, esa facultad, ese club, no me sirve, porque sus normas me violentan. Entonces, salgo de allí procurando preservar las amistades y voy en busca de mi grupo. Si hacemos esto en lugar de querer luchar de frente, tendremos una vida mucho mejor. Y está claro que yo respeto a quien piensa lo contrario. Hay quien tiene la opinión de que para defender un punto de vista tenemos que pelear, gritar, insultar, agredir, hacer escándalo. Es una cuestión de temperamento, de educación, de carácter. Está bien. Pero ese es otro grupo. Siempre que es posible, procuro quedar distante de él.

Usted, por ejemplo, defiende la disciplina, el rigor, el uniforme, vestir la camisa, y ese colectivo presupone que el individuo sea secundario. ¿Es correcto eso?

No, no es. Nuestro discurso presupone que todo lo que usted dijo es válido, siempre que no violente al individuo. No puede violentar su libertad y tiene que estar bien asentado sobre la tolerancia. Si conseguimos esa amalgama, que es alquímica, encontramos allí el equilibrio del filo de la navaja. Porque realmente es un equilibrio sobre un camino muy estrecho. Una brisa hace que uno se incline para un lado, para el extremismo de la intolerancia, de la disciplina que debe ser cumplida a toda costa, o para el otro lado, el de la tolerancia excesiva, de la complacencia con la falla.

Su Cultura trabaja, por otro lado, sobre los extremos. ¿Debemos trabajar sobre aquello que son nuestras dificultades, los puntos menos buenos, o los puntos que son más positivos?

Yo no sé si lo diría de esa forma, porque diciéndolo así, en cierta forma cristianizamos un poco ese concepto, exacerbando la noción del bien y del mal. Y nuestra propuesta es que tengamos conciencia de que el bien y el mal son siempre relativos. “Usted está cometiendo un error.” Pero ¿un error en relación con qué, en relación con qué momento? Richelieu dijo una vez que ser o no ser un traidor es una cuestión de fechas. Ocurre un poco eso con respecto a lo acertado y lo errado. ¿En qué sociedad, en qué religión esto es acertado o es errado? Uno entra en una iglesia católica y se saca el sombrero, en señal de respeto. Pero si entra en una sinagoga, se lo coloca en señal de respeto. Recuerdo que una vez fuimos a visitar un templo sikh, en la India, y nos pidieron cubrirnos la cabeza. Hasta la cámara que ellos mismos usaban para grabar el ritual estaba cubierta, en señal de respeto, con un tejido blanco. Concluyendo: todo es convención. Y tenemos que ser conscientes de eso cada vez que nos dejamos conducir, dentro de la tradición que recibimos, que es la del bien y del mal. “Este es su lado malo.” “Esto fue un error cometido.” Tal vez mirando desde otra óptica no sea tan así. Es mejor considerar que tal vez algo no haya sido conveniente en ese momento o en ese grupo, pero no que esté mal o que esté equivocado. Otro sútra dice que mal es el nombre que se da a la semilla del bien. Porque todo lo “malo” que a uno le pasó en la vida, uno puede observar que luego (o inmediatamente, o más tarde) produjo un fruto muy bueno.

Al poner en práctica la lucidez del ciudadano consciente, el individuo lúcido, en el viaje hacia el estado de hiperlucidez, ese sujeto tiene que tener una visión de hacia dónde camina. Como quien va a hacer una carrera de fondo, tiene que saber, para auto motivarse, hacia dónde camina. Su Cultura, ¿cómo es que lo impregna de ese sentido objetivo?

Procuramos verlo como si fuese un hermoso viaje que uno está haciendo en tren, y sabe que el recorrido lo conduce a un determinado destino. Pero mira el bello paisaje del lado de afuera, conversa con un amigo del lado de adentro, va hasta el vagón comedor, restaurante, se deleita con una comida, se recuesta, duerme un poco. Aprovecha. Disfruta del placer del viaje. Y así, llega más rápido. Y si el individuo sólo se queda pensando: "tengo que llegar; mi destino, mi destino, mi destino", el viaje resulta desagradable y parece más largo. Con respecto a nuestra meta, la recomendación es: no se preocupe por la meta. Vamos a disfrutar de la comunidad, de las personas. En general, quienes siguen este sistema son personas interesantes, bonitas, por dentro y por fuera, personas educadas, sensibles, que tienen tema para conversar con cualquier interlocutor.

Sin embargo, cuando vemos, por ejemplo, una sociedad conservadora que, supongamos, sostiene que la mujer debe tener un papel en la sociedad que consiste en vivir para el marido, para los hijos, para las apariencias, y el estado de lucidez le permite derribar esa frontera,¿la sociedad conservadora no hostiliza inmediatamente esa lucidez?

No, porque nosotros no criticamos la postura tradicional en muchas sociedades hoy vigentes en el mundo. Y como Nuestra Filosofía no tiene intención de catequizar, no es algo que quiera tomar simpatizantes de otros sistemas filosóficos, mucho menos religiosos. Por ese motivo nunca hubo una reacción negativa, nunca hubo una oposición hacia esta propuesta.

Pero puede haberla en el ámbito de las células familiares. Por ejemplo, si yo desconozco determinada luz, me siento perdido en mi túnel de sombra y, de repente, aparece una luz al fondo de ese corredor, que puede ser, supongamos, Su Propuesta, y yo, de repente, empiezo a caminar con otro aliento en esa dirección. Y si el túnel de sombra es creado por la estructura conservadora que la sociedad fue montando a mi alrededor, yo me torno rebelde. Por lo menos camino en una dirección opuesta. ¿Esa escisión no crea anticuerpos?

Cuando en una pareja, en una estructura familiar, uno de los dos cónyuges adopta esta filosofía y el otro no, eventualmente al comienzo puede producirse alguna dificultad de comunicación, como si sólo uno de los dos adoptase un partido político, diferente del que apoya el otro cónyuge, o a un equipo deportivo contrario al del otro. Eso puede generar una fricción momentánea, en caso de que no exista una actitud de comprensión, cariño y respeto. Si usted evolucionó, si adoptó una filosofía que pretende alcanzar una evolución mayor, una civilidad mayor, una lucidez mayor, el que cambió fue usted. Porque los dos se casaron dentro de una determinada visión que uno tenía del otro, y a cada uno le gustaba el otro como era. Se crearon reglas, y usted las cambió en medio del juego. Quien está equivocado no es el cónyuge, que está reaccionando mal. Entonces usted tiene que tener más paciencia, más tolerancia, intentar elevarlo pero sin forzarlo a eso. Tal vez consiga incentivarlo a adoptar el mismo estilo de vida a través del ejemplo, por su forma de actuar, mostrándole que hoy es una persona mucho mejor para él o para ella.

¿Y si la otra persona prefiriese vivir en otro tipo de referencias? ¿Por ejemplo, si quiere vivir para las apariencias, y no para el contenido del pastel?

Es raro. Normalmente, si se da el proceso que yo mencioné, de tolerancia, de paciencia y de cariño, cautivando a la otra persona en lugar de exigirle una postura, el cónyuge por lo general acompaña. Porque le gusta lo que está viendo. Sea marido, sea mujer, percibe que el otro mejoró. Mejoró como padre o madre, mejoró como marido o esposa, mejoró como amante, mejoró como compañero, como amigo. Entonces, en general, él o ella acaban aceptando de buen grado y adoptando la misma filosofía de vida.

En su libro "Encuentro con el Maestro", el adolescente DeRose se encuentra con DeRose ya maduro, ya consciente. ¿Qué le diría hoy el Maestro ya consciente al DeRose adolescente? ¿Sería lo mismo que le dijo en el libro?

Se produciría el mismo desencuentro que expuse en el libro, porque allí era el autor a los 58 años, conversando consigo mismo a los 18. Es una ficción, en que el DeRose adolescente aparece en la vida del DeRose maduro. Y está en desacuerdo, discute, debate. Él dice: “no puede ser así; yo no estoy de acuerdo con eso; esto no puede ser”. Y el diálogo entre los dos, entre el joven idealista y el hombre experimentado, pretende dar al lector un equilibrio entre las dos opiniones, porque muchos de nuestros lectores tienen 18, 20, 25, 30, y otros tienen 58, 60, 70, 80. Son dos universos completamente diferentes, y el libro trata de unir esos dos universos, mostrando que ambos son correctos, y que es en gran parte una cuestión de perspectiva.

¿Los dos se equilibran? ¿Son una misma cosa? ¿Son dos miradas sobre la misma cosa? ¿O uno es una evolución sobre el otro?

Yo diría que, en realidad, los dos tienen sus prejuicios. Ambos discriminan y ambos procuran no discriminar. Ambos intentan no tener prejuicios y así, el más viejo aprende con el más joven, y el más joven aprende con el más viejo.

Nosotros nos sumamos en la diferencia. Normalmente las personas lidian muy mal con lo que les es diferente, se defienden, rechazan, oprimen, suprimen, en vez de sumarse en la diferencia.

Esas diferencias son muy importantes. Si todos mis amigos sólo me hicieran elogios, yo estaría cercado por aduladores, como algunos monarcas del pasado y algunos empresarios hoy. ¿Qué voy a aprender con eso? Voy a estar equivocándome y todos me van a decir que estoy acertando. No me van a ayudar en nada. Pero en cuanto a mis críticos de turno, cuando yo todavía ni haya llegado a errar, ellos ya me estarán apuntando con el dedo. ¿Quién me estará ayudando más? Aquel que se considera enemigo, pero que, en realidad, es más eficiente que mis amigos en promover mi crecimiento, porque me muestra el lado sombrío de lo que estoy cometiendo o estoy a punto de cometer. Él apunta el error y así yo puedo corregirlo. Siempre comparo al amigo y al enemigo con un árbol, en que las raíces, que están en las tinieblas, que crecen hacia abajo, son los enemigos, porque están en las sombras, pero sin los cuales el árbol no se mantiene en pie. El árbol precisa de las raíces, y los enemigos son las raíces. Y los amigos son las flores hermosas, son los frutos nutritivos, maravillosos, pero sin las raíces no existirían.

Usted, en este otro libro que acaba de lanzarse en Lisboa, da el ejemplo hasta en la dedicatoria del libro, porque lo dedica no sólo personas a las que admira por la luz. ¿Puede hablarnos un poco de eso?

Hay personas que a veces, por fastidiar, incluso por no conocer bien el otro lado, la otra verdad, atacan, difaman, agreden, injurian, excluyen. Uno puede considerarse un perseguido, puede considerarse una persona infeliz, puede quedar resentido. O puede comprender, en una visión de gran angular, que aquello fue sumamente importante, y estar agradecido a aquella persona. Pero con sinceridad. No sirve de nada estar agradecido con hipocresía. Obviamente, tiene que ser una actitud auténtica.

El cristianismo sólo se hizo conocido porque fue perseguido; si no, habría sido una pequeña secta judaica que habría desaparecido enseguida. Pero la persecución le dio visibilidad y, a partir de ahí, personas que compartían aquel punto de vista pudieron conocerlo, engrosar sus filas, y hacer con que se perennizase.

¿Eso no es cambiar la hiel por miel, es algo mucho más profundo?

Nuestra Cultura propone un concepto de no agresión activa y jamás pasiva. Si uno tiene madurez y autoestima, está en condiciones de comprender que determinada persona está siendo agresiva porque tiene miedo. Una persona es agresiva cuando teme.

Si aquí entra Jaya, que es mi weimaraner, un perro de gran porte, moviendo la cola, vamos a decir: “qué bonita, ven acá, déjame hacerte un cariño”. Pero si entra aquí gruñendo, mostrando los dientes, usted enseguida dirá: “saque ese animal de aquí, si no le voy a tirar una piedra.” ¿Por qué se puso agresivo? Se puso agresivo porque sintió miedo. Y así es en todas las situaciones. Si presta atención y analiza con imparcialidad, notará que todas las veces que una persona se torna agresiva es porque sintió miedo, se sintió amenazada, se puso a la defensiva. Algunas personas son así todo el tiempo porque el mundo les parece amenazante.

Si alguien fue agresivo con usted, puede reaccionar en forma inmadura, así: fuiste agresivo conmigo, te devuelvo agresividad y media. O puede reaccionar en forma ponderada, propia de una persona que tiene elevada autoestima y madurez. Si fue agresivo conmigo, tengo que comprender que te sentió agredido por mí, pero yo no tuve la intención de agredirle; se sintió amenazado por mí, pero yo no tuve la intención de amenazarle; tal vez haya tenido un pésimo día; tal vez tenga un pésimo matrimonio; no sé, tal vez tenga dificultades, problemas en tu vida. ¿Y yo te voy devolver más agresividad? Eso no me va a ayudar. No va a ayudar a nuestra relación, ya sea una relación de negocios, o de amistad, no importa. Devolver agresividad es intentar combatir el odio con más odio. Intentar combatir fuego con gasolina. Esa actitud no ayuda.

Me gustó mucho su frase "cambiar hiel por miel". Es interesante, es más o menos eso. Porque si la persona lo agredió y usted le ofrece una sonrisa, una sonrisa sincera, aquella agresividad se reduce. Se reduce drásticamente.

Me acuerdo de una situación en que hubo un encuentro de dos líneas filosóficas de nombres casi idénticos, pero que son antagónicas. En ese encuentro entre las dos filosofías, una señora, profesora de la otra línea, vino caminando en mi dirección, con el dedo en ristre y comenzó a insultarme a los gritos, con la intención real de que todos escucharan. Imagine qué escena kafkiana: ¡una profesora de una filosofía que pregona el equilibrio, la no agresión y el autocontrol, insultando y agrediendo a otro profesor, sólo por ser de una línea diferente! Todos se detuvieron para ver cuál sería mi reacción. “¿Al final, será que todo eso que él dice, es mentira? ¿Cómo reaccionará? ¿Le va a decir unas buenas a esa señora? ¿Va a gritar como ella? ¿Tal vez agredirla? ¿Le va a dar la espalda y salir caminando como un maleducado? ¿O se va a quedar parado oyendo, pasivamente, dejando que ella agreda, hable, hable, hable, insulte, insulte, insulte? ¿Cuál será la reacción?”

La reacción fue: agarré a la señora, la abracé con fuerza, y cuando la solté, ella ya no tenía más agresión, no tenía ningún insulto para decir. Cuando la solté, me miró y me dijo: “Ay, DeRose, cómo es usted, ¿eh?” Listo, se fue la hiel con la miel del abrazo, sin dar la otra mejilla, sin quedarme pasivamente escuchando las agresiones de ella, y sin devolverle las agresiones, lo que al fin y al cabo no ayudaría en nada a mi relación con ella, ni tampoco a mi imagen ante los otros que estaban observando. Y tampoco me ayudaría conmigo mismo, porque aquella noche no habría dormido tan bien.

Eso presupone a ese individuo que Su Cultura, el Método DeRose, pretende esculpir, ese individuo lúcido, que se da cuenta como quien ve un filme de lo que está por pasar a su alrededor, y reacciona en forma actuante, consciente y lúcida, y no de una manera primaria.

Exactamente. Llevemos esto a la realidad de cualquier relación afectiva. En una pareja, ambos saben exactamente cuál es la fisonomía, cuál el tono de voz y cuál la frase que irrita al otro. Lo saben perfectamente, pues viven juntos. Y en un conflicto de pareja, si este dijo aquella palabra o puso aquella cara, el otro sabe exactamente cuál es esa fisonomía, cuál es el tono de voz y cuál es la palabra que va a agradarle, que va a atenuar aquella situación. ¿Pero por qué no la dice? “Porque yo no voy a aflojar, no voy a ceder, si no el otro me pone el pie encima.”

Depende de su actitud, al decir esa palabra, interrumpir el conflicto conyugal que puede surgir allí. Y después establecer límites. Si esa relación puede ser mantenida, será mantenida con respeto, consideración, cariño, compañerismo. Si no puede ser mantenida, es una pena. Porque toda relación que se rompe tiene un costo emocional muy caro, un costo sobre la salud muy alto. Pero, paciencia. Hay un momento mágico en que las relaciones realmente tienen que terminar, porque así los protagonistas superan la relación como amigos. Y si se sobrepasa el momento mágico y las personas insisten en que tienen que permanecer juntas, tal vez cuando sea el momento de mudar el statu quo, rompan como enemigos, con resentimientos.

A veces es sólo una cuestión de “hoy cedo yo y mañana va a ceder la otra persona”. Porque hay una reciprocidad natural de los seres humanos. Cuando uno tiene una actitud caballeresca, una actitud hidalga con una persona, ya sea íntima, ya sea un hermano, o un cónyuge, la tendencia es que el otro reaccione de manera semejante en una circunstancia inmediata o futura. Una vez, un amigo mío estaba conduciendo y lo hacía muy mal. Hizo una maniobra pésima y el otro conductor casi lo chocó, sacó la cabeza hacia fuera y ya iba a decir unos improperios. Y ese amigo mío le mostró una sonrisa muy simpática, como quien dice: disculpe, me equivoqué. El otro conductor metió la cabeza y dijo: ¡Vaya, hijo, vaya! Y no discutió. ¿Qué fue lo que evitó la pelea? Fue sólo una sonrisa.

La importancia del individuo más consciente, más lúcido, más actuante en todos los niveles. ¿Es eso lo que Su Cultura quiere relanzar dentro de la sociedad?

Precisamente. La tendencia es colocar un rótulo a esa Cultura. Yo prefiero llamarla Nuestra Cultura o Nuestro Sistema, Nuestra Filosofía, evitando ponerle un rótulo. ¿Por qué? Porque en cuanto la gente pone un rótulo, endurece la cosa. Y ahí comienzan todas las intolerancias, hasta con respecto a quien está afuera. Una de las confusiones que procuro corregir, una de las visiones distorsionadas, es que la persona practica el Método dentro de la sala de clase en la cual lo aprende. Sólo que allí está para aprender, no para practicar. Se pone en práctica en la vida real.

Por ejemplo, si dentro de una sala de clase nosotros enseñamos a respirar correctamente, cuando la persona sale por aquella puerta y se va, no va a empezar a respirar mal. En ese caso no sirvió de nada. Si aprendió a respirar bien aquí dentro, ahora tiene que salir de aquí respirando bien e ir caminando hasta su coche respirando bien, sentarse y conducir el vehículo respirando correctamente. Llega a su oficina y va a trabajar, o llega al gimnasio y va a hacer deporte, respirando correctamente. Va a respirar correctamente, en forma más productiva, siempre, porque fue eso lo que aprendió aquí. Usé como ejemplo la respiración, pero podría usar cualquier otra técnica para ilustrar. Ese conjunto de técnicas y conceptos que el practicante aprende en nuestra institución, debe aplicarlos en todas las situaciones de la vida. Eso es lo que intentamos explicar, lo que intentamos exponer. Que nuestro alumno va a transmitir eso, va a irradiarlo para toda la sociedad, porque lo va a irradiar a la familia, a los amigos, a sus compañeros de trabajo. Entonces aquello va creando ondas de choque y nuestra propuesta acaba por contagiar en forma positiva a todas las personas que traban contacto con nuestro practicante.

Si Carl Sagan decía que la sociedad corrompe al individuo, ese efecto de impregnación también puede funcionar, y debe, ¿y usted pretende que funcione en sentido contrario?

Sabemos que la sociedad influye sobre el individuo. Pero el individuo también influye sobre la sociedad.

Si usted escribiese ahora no el "Yo recuerdo", sino el "Yo sueño", ¿qué sueño escribiría?

En verdad, no conseguiría agregar nada más al “Yo recuerdo”, porque aquel libro me salió de un solo tirón. A las siete de la noche comencé a escribir. A las siete de la mañana me fui a descansar. Y listo, estaba terminado.

Y el "Yo sueño", ¿qué es lo que tenía dentro?

No sé. ¡Hay muchas cosas! ¡Yo tengo muchos sueños!

Pero lo ve, ciertamente. Nosotros soñamos que nuestros hijos crezcan en un mundo en una determinada dirección. Y configuramos cuál es esa dirección. Usted no “hipotecó”, no invirtió cincuenta años de investigación, en busca de saberes, sin sentir dentro de sí dónde quería llegar. ¿Adónde es que quiere llegar?

Me gustaría llegar a un punto en que las personas, mínimamente, escucharan lo que tenemos para decir. Que nos permitieran hablar. Que no nos amordazaran. Nosotros tenemos cosas muy buenas para decir, no proponiendo un debate, sino una reflexión. Lo que ocurre es que los que no gustan del sistema, o piensan que no gustan de él, no escucharon. Ellos no conversaron conmigo, no conversaron con nosotros, no conocieron a nuestra gente, no leyeron nuestros libros. Mi sueño sería poder arrancar esa mordaza.

Yo me siento bajo aquella punición antigua denominada silencio obsequioso. “Dijo lo que no debía, no hablará más.” No quieren que hable. Pero usted observa que lo que yo digo no es polémico. No lo considero polémico, porque no estamos polemizando, no estamos discordando de los otros. No es agresivo, pienso que no lo es, no tengo intención de que lo sea. No quiero agredir a nadie. Y la propuesta es buena, la propuesta es de buenas relaciones humanas, buenas maneras, buena salud, buena calidad de vida, buena cultura, buenos hábitos. Trabajamos esencialmente con adultos jóvenes. Por lo tanto, al producir una juventud saludable, lejos de las drogas, del alcohol y del tabaco, si nada más sirviese de nuestro trabajo, por lo menos eso sería una contribución para ser reconocida, una contribución que ya estamos proporcionando desde hace medio siglo a la sociedad.

Para nosotros los que de afuera visitamos Su Cultura, vamos a hacer un ejercicio de flash. Su visión o su misión ¿hacia dónde apunta? ¿Dónde está el horizonte que configura para su paso por la vida?

Yo he conocido gente muy interesante, realmente ejemplos de seres humanos. Personas con quienes tengo el privilegio de convivir. Algunas hace más de treinta años, otras hace más de veinte años, otras que estoy conociendo ahora, como es su caso, y que para mí constituye un privilegio. Esta profesión nuestra, este ideal nuestro, nos permite eso: conocer personas. No somos head hunters, somos heart hunters.